Vitamina D, un nutriente esencial

El término vitamina D hace referencia a las dos formas existentes de la vitamina: ergocalciferol (vitamina D2), la cual se sintetiza por la exposición de las plantas a la radiación ultravioleta B (UVB) y colecalciferol (vitamina D3), el cual se sintetiza en la piel de los seres humanos y animales por la exposición a dicha radiación. Existen por tanto dos fuentes de esta vitamina: la exposición solar y la ingesta a través de la dieta.

Los vegetales son fuente de vitamina D2, mientras que alimentos de origen animal como los pescados, los lácteos o los huevos son fuentes naturales de vitamina D3 (1). Ambas formas de la vitamina D procedentes de la dieta son incorporadas en los quilomicrones y transportadas por el sistema linfático hasta la circulación sanguínea, donde puede ser almacenada en el tejido adiposo o transportada hasta el hígado. En el hígado sufre una primera hidroxilación que da lugar a la 25-hidroxivitamina D [25(OH) D], la cual se utiliza como marcador del estado nutricional, y una segunda hidroxilación que da lugar a la forma biológicamente activa, la 1,25-dihidroxivitamina D (2).

Entre las funciones biológicas de la vitamina D, se encuentran: contribuir a la absorción y utilización normal de calcio y fósforo; contribuir al mantenimiento de la función muscular, huesos, dientes y al correcto funcionamiento del sistema inmunitario (3); o reducir el riesgo de caídas asociadas a la inestabilidad postural y la debilidad muscular en personas mayores de 60 años (4). También es un nutriente esencial para los niños, ya que la vitamina D es necesaria para el correcto desarrollo y crecimiento de sus huesos (5).

La última recomendación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de ingesta adecuada (IA) de vitamina D es de 15 µg al día para todos los grupos poblacionales (expresado como 1 µg de colecalciferol = 40 UI de vitamina D) (6). En España, esta recomendación se mantiene, a excepción de las personas mayores de 60 años, donde se aumenta a 20 µg al día (7). Si bien el valor utilizado como referencia de nutrientes en etiquetado para la vitamina D es de 5 µg/100 g, por lo que puede declararse que un alimento es fuente de vitamina D a partir de 0,75 µg de vitamina D por 100 g y que tiene alto contenido en esta a partir de 1,5 µg/100 g (8).

A nivel sanguíneo, se considera déficit de vitamina D cuando los valores de 25(OH)D están por debajo de 20 ng/ml e insuficiencia, valores entre 21 y 29 ng/ml. Valores por encima de 30 ng/ml se consideran suficientes para tener una salud musculoesquelética plena y reducir el riesgo de caídas (9).

En la actualidad, la deficiencia de vitamina D tiene una alta prevalencia a nivel mundial. Una revisión sistemática realizada en 44 países mostró que el 88% de la población estudiada tenía niveles séricos de 25(OH)D por debajo de 30 ng/ml, un 37% por debajo de 20 ng/ml y hasta un 7% inferiores a 10 ng/ml (10). En España, pese a tener un clima por lo general soleado, los niveles son semejantes. Esta aparente «paradoja» que España comparte con otros países de la cuenca del Mediterráneo se ha tratado de explicar, de modo especulativo, por el escaso aporte dietético de vitamina D que no puede ser compensado por la síntesis cutánea. La mayor parte de España está por encima del paralelo 35oN, donde la posibilidad de sintetizar vitamina D es escasa en invierno y primavera, y porque la mayoría de los españoles tienen una piel más oscura que dificulta la síntesis de vitamina D (11).

La principal fuente de vitamina D es la exposición solar, si bien ciertos alimentos contribuyen a cubrir las IA: pescados, huevos y lácteos. Sin embargo, el consumo de algunos de estos alimentos está por debajo de las recomendaciones. Existen también ciertos factores fisiopatológicos como obesidad, embarazo, envejecimiento, fallo renal o hepático que están relacionados con loa aparición de esta deficiencia (12).

El déficit de vitamina D puede conducir a una pérdida de densidad ósea, y, como consecuencia, derivar en osteoporosis, caídas y fracturas. Una carencia más severa puede conducir a otras patologías, como la aparición de raquitismo durante la etapa de crecimiento, osteomalacia e incluso algunas enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide, la enfermedad de Crohn o la esclerosis múltiple (12,13).

Es, por tanto, un gran reto para todos los grupos de población cubrir las necesidades de vitamina D, dada la relevancia que tiene para nuestra salud. Para garantizar niveles adecuados, es esencial alimentarse de manera equilibrada, asegurando la ingesta de alimentos con un elevado contenido de este nutriente, como el pescado, los huevos y los lácteos, además de realizar actividad física y asegurar una exposición solar de manera responsable.

Bibliografía

  1. Wilson LR, Tripkovic L, Hart KH, Lanham-New SA. Vitamin D deficiency as a public health issue: using vitamin D2 or vitamin D3 in future fortification strategies. Proc Nutr Soc. 2017 Aug;76(3):392-399.
  2. Rodríguez-Rodríguez E, Aparicio A, Sánchez-Rodríguez P, Lorenzo-Mora AM, López-Sobaler AM, Ortega RM. Deficiencia en vitamina D de la población española. Importancia del huevo en la mejora nutricional. Nutr Hosp 2019;36(3):3-7.
  3. Reglamento (UE) n° 432/2012 de la Comisión, de 16 de mayo de 2012, por el que se establece una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos distintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y al desarrollo y la salud de los niños.
  4. Commission Regulation (EU) No 1228/2014 of 17 November 2014 authorising and refusing to authorise certain health claims made on foods and referring to the reduction of disease risk.
  5. Commission Regulation (EC) No 983/2009 of 21 October 2009 on the authorisation and refusal of authorisation of certain health claims made on food and referring to the reduction of disease risk and to children’s development and health.
  6. EFSA NDA Panel (EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies),2016. Scientific opinion on dietary reference values for vitamin D. EFSA Journal 2016;14(10):4547,145 pp.
  7. Moreiras O, Carbajal A, Cabrera L y Cuadrado C. Tablas de Composición de Alimentos. Guía de prácticas. 19ª edición. Madrid: Editorial Pirámide; 2018.
  8. Reglamento (UE) nº 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de octubre de 2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor.
  9. Holick MF. The vitamin D deficiency pandemic: Approaches for diagnosis, treatment and prevention. Rev Endocr Metab Disord. 2017 Jun;18(2):153-165.
  10. Hilger J, Friedel A, Herr R, Rausch T, Roos F, Wahl DA, et al. A systematic review of vitamin D status in populations worldwide. Br J Nutr. 2014 Jan 14;111(1):23-45.
  11. Navarro Valverde C., Quesada Gómez J.M.. Deficiencia de vitamina D en España: ¿realidad o mito?. Rev Osteoporos Metab Miner  [Internet]. 2014  Mar [citado  2020  Dic  04] ;  6( Suppl 1 ): 5-10. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1889-836X2014000500002&lng=es.  http://dx.doi.org/10.4321/S1889-836X2014000500002.
  12. Holick MF. Vitamin D: a lightful solution for health. J Investig Med. 2011 Aug;59(6):872-80.
  13. Zuluaga ENA, Alfaro VJM, Balthazar GV, et al. Vitamina D: nuevos paradigmas. Medicina & Laboratorio 2011;17:211-246.